Lumbalgia
La lumbalgia es el dolor localizado en la parte inferior o baja de la espalda, cuyo origen tiene que ver con la estructura músculo-esquelética de la columna vertebral.
Según la Fundación Kovacs, se trata de un dolor local acompañado de dolor referido o irradiado que no se produce como consecuencia de fracturas, espondilitis, traumatismos ni causas neoplásicas, neurológicas, infecciosas, vasculares, endocrinas, metabólicas, ginecológicas ni psicosomáticas.
Esta patología afecta tanto a personas jóvenes, como adultas y mayores y aparece tanto en trabajos sedentarios, como en aquellos que implican un gran esfuerzo físico.
Causas
Antiguamente se creía que el dolor aparecía porque existía alguna alteración de la estructura de la columna vertebral, como la escoliosis o la hernia discal. Sin embargo, desde la Fundación Kovacs indican que eso es un error.
Al respecto, Ariza señala que dentro de las causas “identificables” de lumbalgia posiblemente esté la hernia de disco en la zona lumbar. Y añade: “Aunque en este caso tenemos que argumentar que se abusa un poco del diagnóstico de ‘hernia discal’ como causa del dolor que consulta el paciente. Hay estudios con tomografía axial computarizada (TAC) o resonancia magnética nuclear (RMN) que demuestran un 20 o 24% de hernias discales asintomáticas”.
Hace años, un metaanálisis de ocho estudios con RMN en individuos “asintomáticos” demostró: protrusión del disco entre el 29 y 79%; hernia discal entre el 9 y el 76% y enfermedad degenerativa del disco en el 46 y el 91% de los estudiados. “Es decir, la ‘discopatía’ en las técnicas de imagen es un hallazgo muy frecuente, pero no siempre es la ‘causa directa’ del dolor que se nos consulta”, especifica Ariza.
Según la Fundación Kovacs, el dolor de la lumbalgia aparece por un mecanismo neurológico que implica la activación de los nervios que transmiten el dolor y el desencadenamiento de la contractura muscular y la inflamación. A veces, también puede conllevar la compresión de la raíz nerviosa.
Ese mecanismo puede desencadenarse por una alteración de la estructura de la columna vertebral, como la hernia discal o la degeneración importante de la articulación intervertebral, pero, en la mayoría de los casos no se puede llegar a averiguar la causa inicial que lo desencadena, y se atribuye a dolor por contractura o sobrecarga muscular.
Según la SER, las causas más frecuentes son las de origen mecánico: alteración de la estática vertebral (escoliosis), contracturas musculares (por sobrecarga mecánica o tensional), problemas degenerativos del disco intervertebral o de las articulaciones posteriores vertebrales, fracturas por osteoporosis o traumatismos violentos.
Síntomas
Las manifestaciones más comunes de la lumbalgia son el dolor local o irradiado, la inflamación y la presencia de contracturas musculares.
Por otra parte, según el grado de afectación y compresión radicular se pueden producir alteraciones de la sensibilidad (anestesia, hipoanestesia, hiperestesia, hormigueo, etc.) y alteraciones del movimiento (paresia, parálisis, entre otras).
Tratamientos
Desde la Fundación Kovacs recomiendan:
Medidas generales
Evitar el reposo en la cama, si es posible
El paciente debe evitar el reposo en la cama como tratamiento del dolor de espalda. Si el dolor obliga a guardarlo, debe ser lo más corto posible. Los estudios realizados demuestran que esta medida retrasa la recuperación.
Mantenerse tan activo como sea posible
Los expertos señalan que el paciente debe mantener el mayor grado de actividad que le sea posible e intentar normalizarlo tan pronto como pueda.
Higiene postural: evitar la sobrecarga de la espalda
Durante el episodio doloroso, el paciente debe intentar mantener el ritmo de actividad dentro de la normalidad, pero siempre evitando la sobrecarga de la espalda.
Para conseguirlo conviene conocer y aplicar normas de higiene postural, que describen cómo adoptar posturas y realizar movimientos o esfuerzos, de manera que la espalda soporte la menor carga posible y la musculatura reduzca su trabajo. Eso permite que, si en un momento dado el paciente tiene que hacer un esfuerzo, sepa cómo hacerlo reduciendo el riesgo de sobrepasar sus posibilidades.
Aplicar calor o frío
Si le alivia, el paciente puede aplicar calor o frío en la zona dolorosa, aunque no se han hecho estudios científicos para evaluar su efecto. En general, el frío se aplica inmediatamente después de la lesión y el calor en la reagudización de las dolencias crónicas.
Tratamiento farmacológico
Se aplica en tres fases:
- Fase 1: al principio, y especialmente si el dolor no es muy intenso y solo afecta a la espalda -y no hay dolor irradiado a brazo o pierna-, se recomienda usar analgésicos.
- Fase 2: si los analgésicos no son eficaces se debe valorar su sustitución por antiinflamatorios no esteroideos. En general, no se recomienda su uso más de 14 días seguidos.
- Fase 3: si no es suficiente para controlar el dolor, el especialista deberá valorar añadir una tanda corta de relajante muscular, durante menos de una semana.
Intervención neurorreflejoterápica (NRT)
Si el dolor de espalda, con o sin dolor irradiado, persiste tras 14 días de tratamiento farmacológico, está indicado realizar una intervención NRT.
También se aconseja como opción en aquellos casos en los que el tratamiento farmacológico está contraindicado, como las mujeres embarazadas.
Si la primera intervención NRT consigue la desaparición total de la sintomatología y la normalización de la exploración física, no es necesario repetirla salvo que en el futuro reaparezcan nuevos episodios dolorosos. En el caso de que se consiga una mejoría parcial o transitoria se puede volver a realizar hasta conseguir una completa y definitiva. Si no consigue ningún efecto, no tiene sentido volver a intervenir.
Ejercicios
En los pacientes que no han vuelto a sus actividades habituales tras seis semanas debe intentarse comenzar una pauta de ejercicio.
Inicialmente pueden intentar actividades suaves y genéricas, como andar o nadar, para evitar que se debilite la musculatura. Más tarde pueden iniciarse ejercicios específicos para la espalda.
Una vez ha pasado el episodio doloroso, el ejercicio y la higiene postural disminuyen el riesgo de que aparezca o se reproduzca una crisis.
Cirugía
En los pacientes en los que existen criterios específicos de selección, en casos concretos de hernia discal, estenosis espinal o espondilolistesis o escoliosis progresiva en niños o adolescentes, los especialistas pueden valorar la realización de una cirugía.
La rizolisis puede plantearse en un pequeño subgrupo de pacientes crónicos, si se seleccionan muy rigurosamente con unos criterios específicos.
Terapia comportamental
Está indicada en los pacientes crónicos y en aquellos en que puedan existir factores psicosociales que aumenten el riesgo de cronificación.
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